Bosque de jóvenes robles en primavera

No lo entiendo.

Siempre estaban molestando a todas horas, pero hacía varios días que no se los veía.

Eran unos pesados: cuando no importunaban con el coche, lo hacían invadiendo con cestas de mimbre o paseando tirando basura, llenando el bosque de voces y de griterío. Sí, es verdad que los había silenciosos y respetaban el monte, pero no eran demasiado frecuentes. Lo peor de todo era cuando aparecían un montón de ellos portando unas cosas largas y brillantes que escupían fuego acompañado de un ruido ensordecedor. Muchos hermanos murieron por ese aparato.

Hoy puedo salir al monte sin miedo y rascar mis cuernos en los robles.

Los humanos han desaparecido.

About María Turiño